lunes, 28 de enero de 2008

VOLAR SIN REJAS

Érase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día una mujer lo vio y se enamoro de él. Se quedo mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más deprisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invito a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensé: “¡tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!” Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: “voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse”. El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos lo días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban: “Eres una persona que lo tiene todo”. Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenia que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba solo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.
Si profundizase en si misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. “¿Por qué has venido?”, le pregunto a la muerte.
“Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo” -respondió la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo”.
AUTOR: Paulo coelho

5 comentarios:

Anónimo dijo...

hola... que grande Coelho y no menos Mana. Muy buen gusto
un saludo!

Anónimo dijo...

Si amas a alguien, déjale libre: si vuelve a ti, es que te quiere. Si no vuelve, es que nunca fue tuyo. 1 Beso

JULIA dijo...

Pues si, a veces sin darnos cuenta
Nos volvemos más posesivos con lo que queremos,
Y acabamos perdiéndolo.
Gracias por el coment y Un saludo

amateur1965 dijo...

bonito relato de cohelo, pero tengo una duda existencial con respecto a tu blog, o a ti...

En tu encuesta... mejor /sola que con lluvia en mis ojos? que triste suena

un beso encanto

JULIA dijo...

Si, la verdad es que suena muy triste.
Aunque si te das cuenta, va ganando y por bastante porcentaje. Supongo que todo@s queremos ser felices en la soledad…. Que llorando a mares por un amor no correspondido.

Un besazo y merçi